Thursday, July 14, 2005

Otros tipos de tsunamis

Existen otros mecanismos generadores menos corrientes que también pueden producirlos como erupciones volcánicas, deslizamientos de tierra, meteoritos o explosiones submarinas. Estos fenómenos pueden producir olas enormes, mucho mas altas que las de los tsunamis corrientes. Ese tipo de tsunamis son los llamados Megatsunamis aunque este término no es científico, puede usarse de forma poco rigurosa para referirse a los tsunamis generados por causas no tectónicas. De todas estas causas alternativas la más común es la de los deslizamientos de tierra producidos por erupciones volcánicas explosivas que pueden hundir islas o montañas enteras en el mar en cuestión de segundos. También existe la posibilidad de desprendimientos naturales tanto en superficie como bajo ella. Este tipo de tsunamis tiene diferencias bastante drásticas con los tsunamies tectónicos.
En primer lugar la cantidad de energía que interviene. Está el terremoto del Océano Índico de 2004 con una energía desarrollada de unos 32.000MT. Solo una pequeña fracción de ésta se traspasará al tsunami. Por el contrario, un ejemplo clásico de megatsunami sería la explosión del volcán Krakatoa cuya erupción generó una energía de 300MT. Sin embargo, se midió una altitud en las olas de hasta 50 metros muy superior a la de las medidas por los tsunamis del índico. La razón de estas diferencias estriba en varios factores. Por una parte el mayor rendimiento en la generación de las olas por parte de este tipo de fenómenos, menos energéticos pero que transmiten gran parte de su energía al mar. En un seísmo la mayor parte de la energía se invierte en mover las placas. Pero aun así, la energía de los tsunamis tectónicos sigue siendo mucho mayor que la de los megatsunamis. Otra de las causas es el hecho de que un tsunami tectónico distribuye su energía a lo largo de una superficie de agua mucho mayor mientras que los megatsunamis parten de un suceso muy puntual y localizado. En muchos casos, los megatsunamis también sufren una mayor dispersión geométrica debido justamente a la extrema localización del fenómeno. Además suelen producirse en aguas relativamente poco profundas de la plataforma continental. El resultado, es una ola con mucha energía en amplitud superficial pero de poca profundidad y menor velocidad. Este tipo de fenómenos es increíblemente destructivo en las costas cercanas al desastre pero se diluye con rapidez. Esa disipación de la energía no solo se da por una mayor dispersión geométrica sino también por que no suelen ser olas profundas lo cual conlleva turbulencias entre la parte que oscila y la que no. Eso comporta que su energía disminuya bastante durante el trayecto.
El ejemplo típico, y más cinematográfico, de megatsunami es el causado por la caída de un meteorito en el océano. De ocurrir tal cosa se producirían ondas curvas de gran amplitud inicial, bastante superficiales que sí tendrían dispersión geométrica y disipación por turbulencia por lo que a grandes distancias quizá los efectos no fueran tan dañinos. Una vez más los efectos estarían, sobretodo, localizados en las zonas cercanas al impacto. El efecto es exactamente el mismo que el de lanzar una piedra a un estanque. Evidentemente si el meteorito fuera lo suficientemente grande, daría igual cuan alejado se encontrara el continente del impacto, las olas lo arrasarían de todas formas con una energía inimaginable. Tsunamis apocalípticos de esa magnitud debieron producirse hace 65 millones de años cuando un meteorito cayó en la actual península del Yucatán. Este mecanismo generador es, sin duda, el más raro de todos, de hecho, no se tienen registros históricos de ningúna ola causada por un impacto.
Algunos geólogos especulan que un megatsunami podría producirse en un futuro próximo (en términos geológicos) cuando el volcán de la parte inferior de la isla de La Palma, en las Islas Canarias (Cumbre Vieja), vuelva a la actividad. Aunque eso puede ocurrir dentro de cientos o miles de años.

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